la valera en castelnou

historia de una asociación cultural

De una comisión de fiestas a una asociación cultural

Ya he hablado de los antecedentes más cercanos, pero está más que claro que en la Valera no fuimos los primeros en casi nada, de hecho en lo que a mi generación se refiere, hemos sido más bien siempre los últimos en casi todo.

La Valera surgió como una asociación cultural cuyo principal proyecto, o al que más gente atrajo, fue recuperar las fiestas de verano que hacía unos diez años habían dejado de realizarse. Probablemente fue el principal factor desencadenante para el exito en general o acogida iniciales.

Este mismo motivo, las fiestas, fue el porqué o el estímulo para que una generación anterior a la nuestra se organizara, en un momento crucial de nuestra historia reciente, pues era en plena Transición, año 1978. En aquel año que la mayoría ahora recordamos como el año que vio la luz la Constitución Española, fue cuando los entonces jóvenes en Castelnou, viendo como sus homólogos en Jatiel se organizaban para pedir dinero a vecinos y veraneantes, preparaban unas muy buenas fiestas de San Javier. Entonces pensaron que ellos también podían hacer que las fiestas inicialmente, las de San Valero, fueran otra cosa. Así se creó la Comisión de Fiestas, cuyos miembros fueron los primeros en hacer un montón de otras cosas que anteriormente no se habían hecho, ya que el ayuntamiento carecía de medios. Pero carecían también de lo más importante, ya que también carecían de las ideas y las ganas. La Comisión de fiestas todavía llegó más lejos, llegando a organizar durante cuatro o cinco años las primeras fiestas de verano en Castelnou, que coincidían con la festividad de San Roque, cosa que hasta entonces sólo se hacía alguna que otra cena y por supuesto se adornaba la ventana-altar donde está la imagen del santo con dos ramas de chopo. Aquellos años se organizaron fiestas con verbenas, fuegos artificiales, pero lo más característico de aquellas fiestas fueron los remolques que rodeaban la plaza creando una especie de plaza de toros, donde se soltaban las vaquillas. algo que nunca más se ha hecho en Castelnou.

Tanto la Peña como la Valera tuvieron antecedentes.

Ilusión es lo que no faltaba en aquellos años.

En los 90 éramos muchos, prácticamente fuimos toda una generación, los que pensábamos que otro mundo era posible. Incluso fuimos capaces de contagiar a otras generaciones. Así fuimos la gente de la peña, quien sin duda dimos con la clave para que el proyecto de la Valera en Castelnou tuviera el éxito que tuvo.

Mucho me temo que ahora sería un poco más complejo. Entonces no era raro que la gente tuviera ideas de de este tipo, era normal hacer cosas para todos sin esperar nada más que salieran bien, bastaba con ver que aquello era posible y no vamos a negar que también buscábamos  un poco de diversión. Se creía en la capacidad de la gente para resolver y organizar cosas. Y  no supeditar  todo al dinero, que es lo que hace que tenga sentido hacer empresas y no asociaciones sin ánimo de lucro. Aunque cierto es que muchas empresas han surgido de proyectos que inicialmente no estaban pensados para tan solo obtener dinero a cambio.

Volvamos a la peña, no era casual que el hecho de querer que las cosas cambiaran, unieran a ese grupo de personas en una franja de edades bastante amplia, además cuando nos juntábamos solíamos hacerlo para charlar,  no precisamente para decir que  todo estaba mal y buscar culpables a quien sin mucho tacto echárselo en cara. Esto es lo que parece que impera en casi todos los sitos en estos últimos años, donde se ha agudizado el individualismo y la superficialidad. Lo más importante es que en aquellos años se respiraba, al menos entre nosotros un ambiente mucho más constructivo. También pensábamos que hacer cosas para todos podía estar por encima de hacerlas para uno mismo. Estas dos características eran fundamentales para garantizar que todo empezase a rodar. La excelente respuesta de la gente fue lo que lo hizo posible. En aquellos años, bastaba con que se organizara cualquier cosa en Castelnou, para que todo el mundo acudiera y participara. Lo mismo sucedía de puertas para adentro en la peña.

Todo el mundo era bienvenido, sólo pagábamos cuota los que disfrutábamos del local todo el año, y para la mayoría de nosotros el que la peña se llenara cuando el pueblo también lo hacía, nos parecía estupendo, quizás no a la hora de limpiar, pero formaba parte del porqué de todo aquello.

Si un fin de semana, o un día cualquiera, venía alguien al pueblo, prácticamente estaba obligado a pasar por la peña. Nuestra intención era que se sintiera como uno más de nosotros.  Lo importante era tener un sitio donde ofrecer una silla, un café, algún dulce, alguna copa, música y un  poco de conversación…

Si buscamos significados de la palabra peña vemos que se hace referencia a rocas y también  a grupo o agrupación social que generalmente se crea en torno a diferentes fiestas.

Así esta peña que nos unió e hizo que permaneciéramos como una roca,  en nuestra generación tuvo como origen otra frente a la casa de Arsenio, de hecho el local donde aquella primera peña estaba pertenecía a su familia. Éramos un grupo de gente que nos juntábamos allí porque no teníamos otro sitio donde ir cuando, el entonces tele-club o bar del pueblo, nos cerraba sus puertas.  Una “peña” peculiar, si la comparábamos con las de los pueblos de nuestro entorno.

Algo distinto a la peña “la ilusión” que si era una típica peña que sólo se abría para fiestas, un sitio donde hacer meriendas, beber y cantar, principalmente jotas, que perteneció a otra generación algunos de sus principales integrantes eran el Teófilo y el Isidro, conocidos joteros de Castelnou.

De la peña la ilusión heredamos el local, la ilusión y el espíritu en mi generación lo heredamos de nuestra anterior peña.

Aunque esto último quzás no sea del todo cierto, ya que en las generaciones anteriores los jóvenes también se juntaron para cambiar el pueblo. Éstos montaron otra peña bastante similar a la nuestra. Aquella generación jóven tomaron el control en la organización de las fiestas de verano e invierno en Castelnou. Y en lugar de una asociación se constituyeron como comisión de fiestas

Capítulo 2, Diálogos sobre la peña

Como ya hemos dicho, fueron la Cristina y el Arsenio los precursores de lo que luego fue la peña. Ellos fueron los que eligieron aquel local que luego se convertiría en la casa de todos. El propietario de dicho edificio era el padre de Cristina, Cándido, a quién todos llamaban Candido, sin tilde, o el tio Candido. 

De aquel entonce sólo guardo vagos recuerdos. Así que le pregunté a Arsenio. Esto fue lo que conversamos:

Arsenio:

–  … la peña, ¡madre mía la peña!, ¡madre mía la peña!

Jagui:

–  Los primeros que abristeis la peña fuisteis la Cristina y tú, ¿no?

Arsenio:

–   Se abrió porque, no sé, porque era el sitio, pues eso, donde íbamos a hacer el cabra un rato, y que nadie te veía, podías hacer lo que querías, y no tenías que darle explicaciones a nadie, salvo a la Marina ₁ , si te veía con la luz encendida, que entonces sí que te echaba al bulla.

Jagui:

–   Recuerdo cuando vine aquí, cando dejé de estudiar. Fue cuando empezó a ser una peña para todos nosotros. Antes  yo sólo iba a la peña cuando venía el fin de semana y estabais vosotros allí.

Arsenio:

–   Se abría, con, entre semana, no hacía falta que fuera fin de semana, sino, un día que nos apetecía quedar con la Cristina. Nos íbamos allí, daba igual que fuera lunes que fin de semana, y allí estábamos charrando de lo que, pues eso, pues de lo que te parecía el pueblo…

Y después, pues, fue evolucionando,  porqué…  ¿Quedamos aquí esta noche?, en vez de quedar dos pues quedabas ya, los que estabais por el pueblo, si había más gente, ¿no?

Aquello estaba hecho un asco, me acuerdo que tenía la sartén aquella gigante, de cenicero, con una mesa que era de cuando tenía la peña el hermano de la Cristina. Estaba toda hecha un cuchitril, tenía las pieles por ahí Candido  de los corderos, por abajo colgando…

Jagui:

–   ¿Te acuerdas de cómo era la habitación?, no había puerta, la puerta me parece que la pusimos nosotros.

Arsenio:

–   Estaba el marco pero puerta no había,

Jagui:

–   La primera vez que hablamos de hacer la peña fue después de juntarnos en el bar, hablando de la asociación o alguna movida de estas, como del bar prácticamente nos echaban, fuimos allí que teníais la estufa.

Arsenio:

–   Sí

Jagui:

–   Que había una estufa de leña, si no mal recuerdo.

Arsenio:

–   No,  de leña no, era una estufa de resistencias de luz, tío, que asábamos allí los chorizos, y estaba toda hecha una mierda de los chorizos, del aceite del chorizo.

Jagui:

–   Era roja ¿no?

Arsenio:

–   Sí, roja

Jagui:

–   Luego estaba la mesa aquella que venía de la parte de arriba del bar,

Arsenio:

–   Sí,  le recortamos las patas porque si no era demasiado alto aquello.

Jagui:

–  Sillas, había sillas, dos o tres, sólo, ¿no?, y luego ponía “peña la ilusión” por algún sitio

Arsenio:

–   Estaba pintado allí, “PEÑA LA ILUSIÓN”, encima de la ventana creo.

Escucha las palabras de Arsenio:

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(1) La Marina es la madre de Cristina, esposa de Cándido.

Capítulo 2, describiendo la peña

…Pero ¿porqué es tan importante la peña en la historia de la asociación?

Quizás sea por  la misma razón que gente que no formaba parte ni de la peña ni de la asociación inicialmente tendía a pensar que eran lo mismo, y no sólo ellos ya que todos los que asistimos a las reuniones de la Valera, recordamos que casi siempre se oían en estas palabras, “pero eso es cosa de la peña, no de la asociación, no lo mezcles…”

Hay que aclarar que el dinero para gestionar la peña corría a parte que el de la Valera. Cuotas mensuales, en lugar de anuales y destinadas a mejorar el local, el mobiliario…

Si algo no faltaba en la peña era el calor de las estufas en invierno y el café, buenas sentadas en los sillones y por supuesto horas de arreglar el mundo o simplemente aquel Castelnou, lo que está claro es que si no se arregló no fue por meter horas.

Hubo un tiempo en el que casi cada quince días había cena los sábados, bien para celebrar algún cumpleaños o por cualquier otro motivo. Como no teníamos lavaplatos, fueron unos cuantos los que hicieron sus primeros pinitos con eso del fairy.

El tema de la limpieza, como lo de pasar a por la bombona del butano, fueron el origen de alguna que otra discusión, como si de compañeros de piso en época de estudiantes se tratara.

También es hora de recordar que la peña inicialmente era una habitación con una estufa eléctrica, cuatro sillas y una mesa, donde se juntaban de vez en cuando Cristina Claver y Arsenio Ornaque, a los que a partir de ahora llamaremos la Cristina y el Arsenio. Esta pequeña sala, con el tiempo llego a tener una “barra de bar” con cocina incluida, no olvidemos la o las cafeteras, sillones, un sofá, el mueble con la tele y el equipo Hi-Fi. Una especie de ”sala de estar –cocina”.

Acabamos usando las cuatro plantas que tenía la casa. En un principio, esta primera estancia de la que hablaba, se localizaba en el primer piso,  más tarde se habilitó la planta de más arriba como dormitorio, y la que había entre estas dos, acabó siendo el salón-comedor. En la planta baja o patio donde se podía encontrar de casi todo se instaló un pequeño aseo.

Todavía recuerdo las paredes decoradas con carteles de cine, aquel cartel de la mítica peli Casablanca,  frente a aquella sugerente Marilyn, o el azul del cielo de aquella cabra del maestrazgo, del mismo azul que pintamos las puertas y ventanas. Una máscara blanca enmarcada, junto a otro marco en cuyo interior encontrábamos un billete de diez dólares y otro de trescientas liras sujetos con una chincheta. Aquellas paredes en las que los efectos de la humedad nos mostraban todas sus capas y el paso del tiempo, que en algunos lugares, como por ejemplo en las escaleras habíamos cubierto con pequeños cuadrados de poliexpan. Y como no, otra cosa a destacar fueron los numerosos Collages, no sólo el del espejo de los relojes, que hemos podido ver. La mesa central estaba cubierta de recortes de portadas de discos. Un marco de recortes de cine rodeaba una enorme viñeta que mostraba la barra de un bar siendo lo que servía de fondo a la nuestra. Aquel armario forrado de cuerpos desnudos…

Collages y más collages, me reconozco un poco culpable de que estas paredes fueran como fueran y tengo que agradecer que se me permitiera pasar esos buenos ratos “decorando” aquella nuestra casa. En el trabajo de cortar y pegar como en tantos otros tuve mucha ayuda. Todo esto lo hacíamos a ratos libres.

Capítulo 2, Una foto para continuar

la Peña en Relojes

Capítulo 2, la Peña

Escucha las dos campanadas de la Valera
que marcan el inicio del capítulo 2

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(…)

Habrá un espacio dentro de esta  historia donde se detallará la información sobre las personas que han sido relevantes para la asociación. Pero sin duda, detrás de la asociación apareció otra persona, que sin ser física ni jurídica, fue el motor o el corazón de la Valera. Esta “persona”, no fue una empresa ni una asociación,  pero así podríamos denominarla, fue la Peña. 

En la Peña nos juntamos todos los que hicimos que todo esto fuera posible, fue nuestro cuartel general, nuestra casa, nuestro local de ocio…

Esta Peña ya existía como sitio físico antes de que naciera la asociación. Antes de ser lo que luego llegó a ser, no era más que un local, o toda una casa, de la calle la cárcel, donde nos juntábamos unos cuantos como alternativa a hacerlo en el bar. Era el típico sitio donde podías hacer todo lo que quisieras sin tapujos, todos aquellas cosas que resultan confidenciales entre amigos. Hay que pensar que nuestra media edad  estaba en torno a los veinte años. 

Ya habíamos pasado por varios sitios así. Éste fue el que más tiempo nos duró.

Es importante resaltar lo de la confidencialidad, ya que este era el único lugar donde podíamos hablar sin ningún problema y donde se realizaron no sólo reuniones, sino que se les dio cuerpo a un montón de proyectos, donde surgieron la mayor parte de las ideas y realmente fue allí donde se asentó la amistad de todos los que estábamos más implicados en las actividades.

Hay que empezar por decir que las reuniones de la Asociación inicialmente se hacían en los locales ya mencionados. Era después de esas reuniones cuando nos juntábamos en la Peña para hacer balance y acabar de arreglar el mundo, o por lo menos el pueblo.

Con frecuencia quedábamos en la Peña antes de acudir a las reuniones, ya que hay que aclarar, que al principio la Peña era un lugar más propio de la gente joven de Castelnou, y ya hemos dicho que en la Asociación estábamos gente de todas las edades.

Lo que sucedió con el tiempo es que el vínculo de amistad que creó la asociación hizo que en muchas ocasiones se perdieran esas barreras que marcan las distintas edades o generaciones, Finalmente todos acudíamos a la Peña, por lo que la mayor parte de las reuniones de la junta directiva se dieron entre aquellas paredes.

Hasta ahora he hablado de la Peña como si se tratara sólo de un lugar, pero como he dicho al principio, la peña constituyó algo parecido a una empresa o persona. Así la Peña fuimos un grupo de personas, no sólo de Castelnou, que teníamos muchas cosas en común, con nuestro sitio ubicado, este sí, en la localidad. Pero la Peña, al igual que la Asociación llegaba a Zaragoza, Barcelona, Samper, Escatrón, Hijar, Caspe, Jatiel…

Lo que realmente es destacable de este capítulo es esto último, la gente de la peña, esta con cuya voluntad fue posible llevar a cabo todo ese montón de cosas, sin olvidar algo muy importante, que el formar parte de la misma, lo hizo divertido o agradable.

Capítulo 1 (PARTE 6), Un porqué

(…)

Han pasado unos cuantos años, quizá por eso ahora corresponde poner los puntos sobre las íes. Cierto es que esto a lo que todo este tiempo hemos llamado la Asociación, fue consecuencia de un vacío que se había creado por parte de las instituciones. El mismo espacio vacío que quedaba en las relaciones personales de entre los miembros de una población demasiado envejecida y sin ganas de, como dirían ellos ” otras gaitas”, con el consecuente pesimismo de haber vivido en un pueblo con cierta vida y que poco a poco iba a menos. Todos creíamos que íbamos a verlo desaparecer. No en vano decíamos que de ser así que lo hiciera lo más elegantemente posible.

Todo esto también lo podemos ver plasmado en las declaraciones que anteriormente mencioné de Jesús Esteruelas, entonces alcalde de Castelnou, en el semanal La Comarca. declaraciones que contrastaban con el Titular “Un pueblo tiene fuerza

Estábamos a mediados de los años noventa, cuando aparecían los primeros indicios de que la sociedad tenía que tender a fomentar la vida en el medio rural. Las ciudades dejaban de ser ese marco incomparable de ventajas y seguían mostrarnos, cada vez más, los problemas de la masificación. Por otro lado el mundo rural, gracias a la tecnología empezaba a aportar soluciones a los típicos problemas de siempre en los pueblos. Fuimos algunos los que depositamos nuestra esperanza en que esto fuera el inicio de un cambio para estos pueblos. Series de televisión como “doctor en Alaska” hacían que la vida en un pueblo como Castelnou pareciera más atractiva.

En efecto “un pueblo tiene fuerza”, al otro lado estábamos la gente más joven, que éramos reacios a ver una realidad tan cutre a la vez que triste. Bien porque siempre acabábamos por diferentes causas volviendo allí, o porque no veíamos una vía de escape. Otra cuestión aparte es que la gente joven disponíamos de mucha energía, que no derrochábamos sólo en ir de fiesta. Éramos una generación que creía en que otro mundo era posible. La mayor parte de nosotros habíamos crecido en el paso de una dictadura a la sociedad en la que hoy vivimos. Quizás sea por eso que teníamos una buena dosis de optimismo y confianza en que todo podía cambiar. Lo cierto es que surtió efecto y la Valera fue cumpliendo sus objetivos durante todos estos años.

Nuestra asociación pasó de ser una herramienta, a ser un elemento de cohesión y de identidad. Me atrevería a decir que el hecho de ser de la Valera caló tan hondo como lo hace el identificarse con un equipo de fútbol u otro. Hubo un tiempo en que meterse con la asociación levantaba ampollas entre muchos de sus socios, como contrapunto estaban los que nos odiaban.

Pero lo fundamental en todo esto no son los papeles, ni los datos, ni siquiera el listado de actividades, ni por supuesto el dinero.

Todo esto es importantísimo, no lo discuto, pero en esencia todo lo anterior sobra si no hay ilusiones y proyectos unidos a la imprescindible necesidad de superación y renovación que hace que una asociación como esta siga viva.

No hay duda de que estas ilusiones fueron las que alimentaron a una gente que sin un euro de partida,  logró organizar unas fiestas de verano, exposiciones…

Pero ante todo lo más importante fue el apoyo que recibimos de una aplastante mayoría de personas que estaban con estos proyectos. Que creyeron en ellos y nos apoyaron no sólo económicamente, lo cual también hicieron. No olvidemos que en una población que rondaba los 100 habitantes, la Valera llegó a contar con unos 120 socios.

Ilusiones que iban desde por supuesto recuperar las fiestas de verano, colaborar en las de invierno, realizar todo tipo de meriendas, cenas, Exposiciones, plantadas…

Muchas cosas que creíamos estaban a nuestro alcance sólo con proponérselo, un poco de trabajo y dinero. No sé las cantidades exactas, pero lo que si nos caracterizó a unos cuantos es ese tópico aragonés, ser bien cabezones. Es éste otro factor sin el que yo personalmente no hubiera concebido este proyecto.

Iremos viendo muestras de todo esto cuanto hemos hablado en las siguientes páginas que nos contaran desde las fiestas, expos…, y sobre todo sus gentes.